El cine sin Jerry Goldsmith

Fecha de Publicación: 09/12/2020

De entre los grandes compositores que nos han ido dejando en este siglo XXI, creo que la ausencia de Jerry Goldsmith es la que más me cuesta asimilar. Y eso que ya hace dieciséis años que el maestro de la coleta se marchó, dieciséis años desde aquel 21 de julio de 2004, una fecha para siempre marcada en el calendario. Efectivamente ha pasado bastante tiempo desde entonces. La herida ya casi no duele pero el recuerdo me acompaña casi todos los días, más o menos con la misma frecuencia que escucho sus bandas sonoras. De todos modos, sería un gran error pensar que a Jerry solo se le disfruta oyendo sus discos. Y es que su legado es considerablemente más importante que todo eso y reside en todas y cada una de las películas a las que engrandeció con sus partituras. Viendo estos films, algunos de ellos clásicos y de culto, no puedo dejar de abrumarme ante la capacidad del maestro para narrar y explicar musicalmente los acontecimientos, con precisión de cirujano cardiovascular. Me apasionan sus bloques descriptivos, la elegancia en la instrumentación, la transparencia de su discurso y la energía de los leitmotivs. Un autor irremplazable, clásico y contemporáneo a la vez, capaz de elevar por sí solo la intensidad dramática de sus películas. Es cierto que trabajó también en infumables films, pero sus pentagramas fueron de gran categoría incluso en esos casos. Porque él era un auténtico profesional y sabía lo que hacía en todo momento. En una obra de semejante envergadura como la suya evidentemente hay algunas piezas menores y rutinarias, pero son una minoría en comparación con la exquisitez que desbordan la mayoría de sus piezas.

¿Y cómo va ahora el cine sin Jerry? En mi opinión, un poco a la deriva. Por supuesto no soy yo de esta clase de brujos que llevan tiempo diciendo que las bandas sonoras ya no tienen interés. Para mí aún lo tienen, no siempre y ni en todas partes, pero ciertamente sigue habiendo muestras de calidad e implicación. No obstante, y en cualquier caso, la pérdida de Jerry es irreparable. Con él se fue un verdadero artesano del oficio, un genio cuyas brillantes partituras enriquecían las películas con sumo tacto y elegancia. No sé dónde nos estará esperando pero estoy seguro de que su música brilla allí tanto como aquí. ¿Y qué sería yo si no escuchase bandas sonoras de Jerry? Seguramente una persona mucho más pequeña, de moral cuestionable y emocionalmente incompleto. Creo, sinceramente, que gracias a él yo soy mejor. Y aunque no tuve el honor de conocerle personalmente, siempre me lo imagino más como un santo devoto o un profeta de espíritu incorruptible.

Habrá que ver qué rumbo toma el soundtrack ahora que prodigios como Jerry ya no están para alumbrar la senda. Hoy también se hacen cosas maravillosas, pero diría yo que con menos regularidad que antes. Supongo que el talento también importa, pues nada tiene que ver la maestría de Jerry con algunas mediocridades que se hacen actualmente, la mayoría de ellas firmadas por compositores realmente ineptos. En cualquier caso, este mal no puede durar siempre ya que todo en la vida es cíclico. Por esa razón creo que la buena música terminará volviendo al cine. Seguramente no es algo que vaya a suceder en el corto plazo, pero mi ilusión por lo que pueda ocurrir está ahí y no creo que desaparezca.

Es muy probable que algún día haya otra generación de genios. Y es que lo mejor puede estar aún por llegar. Yo lo veo así porque para mí el pasado es nostalgia, el presente es alegría y el futuro es esperanza.

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