Gracias a todos por existir

Fecha de Publicación: 28/04/2021

De niño era un transgresor. Muy rebelde y muy inquieto. Un travieso de cuidado. No actuaba con maldad pero pasaba la mayoría del tiempo organizando alborotos. Libros de compañeros que ponía bajo las duchas, gafas que se iban por los retretes, inundaciones, hurtos y toda clase de estropicios. Hablo de cuando tenía ocho o diez años. Por aquel entonces ya veía mucho cine y empezaba a coleccionar bandas sonoras; pero aún era muy joven para asimilar todos sus significados. Algo de sensibilidad ya me iban aportando, pero todavía muy poca. Con catorce o quince años seguía preparándolas, quizás con menor frecuencia que antes, pero desde luego con peores consecuencias y, sobre todo, mayores perjuicios para los afectados. No fue hasta cumplir los diecisiete cuando la luz de la revelación inundó mi espíritu. Ocurrieron muchas cosas y sería arduo explicarlo todo, pero básicamente diré que aquello fue el primer paso en dejar de ser un embustero. Abandoné para siempre mis malos actos y dejé de obrar mal. Al mismo tiempo, todos los significados del cine y los scores que habían permanecido cifrados para mí hasta ese momento comenzaron poco a poco a hacerse visibles. Por eso sé que no fueron los castigos del colegio los que me hicieron mejor. Fueron el cine y su música. Me entregué a mi pasión y desde entonces he visto milagros. He conocido la bondad y me he envuelto con el amor.

¿Y el prójimo? ¿Qué hay de toda ese gente a la que yo perjudiqué? Es cierto que eran trastadas de niño (sería mucho peor ser un necio de mayor), pero el daño que infligí fue en ocasiones cruel y despiadado. Lo que más me asombra es que, años después, he conocido a muchas de esas personas y no he visto rastro alguno de desprecio en sus corazones. Más bien, su trato hacia mí ha sido muy cordial y, en algunos casos, incluso he forjado amistades. Ello me llena de gratitud y me conduce a una obvia conclusión; la gente es grande. No todas las personas marcan igual, pero creo que hasta la última de ellas es importante y tiene su sentido. La gente hace grandes hazañas, una de ellas es la música de cine. Puede que North o Williams también hicieran sus travesuras de pequeños pero al final de la senda de la vida lo que trasciende es la luz, la conciencia del bien. Por eso los melómanos podemos disfrutar de su música y así deleitarnos con la radiante habilidad del ser humano para perdurar y dignificarse.

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Un placer verte por aquí, Mayte!

El camino que recorremos en la vida y las vivencias que tenemos hace de nosotros lo que somos, y tu eres especial! Sigue siempre luchando por lo que crees!!!!

Gracias Sarai por tus palabras!