Título Original: King Kong

Título en Español: King Kong

Compositor: James Newton Howard

Año: 2005

Editada por: Decca Records (2005)

Duración: 74 minutos

A algunos se les hace larga. No les entiendo. “King Kong”, de Peter Jackson, es para mí una joya absoluta. Sensibilidad extrema al servicio de un remake delicioso e inigualable. Puede, de hecho, que este sea el mejor remake de todos los tiempos, y no solo de “King Kong”. Peter Jackson, enamorado desde niño del clásico de 1933, ejecuta aquí una inmensa obra de arte arrolladoramente exquisita en cada fotograma. A diferencia de muchos remakes que pululan sin sentido por el espacio, esta película de Peter Jackson es singular y auténtica. Un film que no solo es fiel al relato original sino que sabe enriquecerlo y matizarlo con infinidad de detalles asombrosos. El resultado es una aventura épica con mayúsculas; un sentido homenaje a todo lo que el buen cine representa. Una versión modernizada y amplificada del mito que supone un placer incontestable.

James Newton Howard está aquí pletórico. Ambientación y suspense, acción descomunal y un lirismo cuya belleza hace añicos el alma. La suya es una banda sonora sofisticada, amplia en sus registros y significados. El compositor le dedica a Kong un motivo de cuatro notas que en ocasiones suenan aterradoras (sobre todo al comienzo) y en otras emanan una poderosa misericordia, presente, por ejemplo, en la secuencia de la lucha contra los dinosaurios. Hay asimismo un tema principal romántico, de una hermosura y fragilidad sin igual. Este tema es presentado por primera vez en la escena en la que a Kong, después de agitarse violentamente ante el rechazo de su chica, le cae una piedra en la cabeza. El sonido de un arpa solitario marca en ese instante el nacimiento de esta melodía, también de cuatro notas. Esto sucede justo en el ecuador del film, y ahí surge el milagro. Una escena que supone un antes y un después en mi vida. Algo que solo las más formidables películas y bandas sonoras son capaces de ofrecer. El gozo parece ya irrefrenable. Y entonces, en medio de esta increíble aventura, comienzan a llegar secuencias que literalmente me dejan sin aliento. Secuencias maravillosas como la del atardecer en la isla, donde empieza a desarrollarse el tema principal romántico; que se inicia con una nostálgica flauta e incorpora nuevamente el arpa (al que se unen ahora las cuerdas) para incidir así en los sentimientos de Kong. Instantes de pureza que elevan el arte cinematográfico y musical a niveles pocas veces alcanzados. La captura de Kong es otra secuencia inolvidable. Un ángel herido, tras la estela de una estrella, que se topa de repente con la desolación. Aquí el compositor introduce por primera vez el tema de la muerte; una melodía demoledora, intensamente bella, que de alguna manera va insinuando ya el atroz final que aguarda a la criatura. Capturado y llevado a Nueva York para ser exhibido, Kong escapa del teatro en busca de su chica y finalmente ambos se encuentran en una calle. Todo el caos y la ansiedad desaparecen entonces para dar paso a la serenidad más absoluta. Kong coge con su mano a la chica y ambos recorren algunas calles desiertas hasta llegar a Central Park. James Newton Howard brilla aquí en su grado máximo, desarrollando por completo el tema principal romántico y llevándolo a cotas de ternura y emotividad prácticamente infinitas. De nuevo el tema se inicia con esas cuatro notas del arpa pero el instrumento más destacado será en realidad el piano, lo que en cierto modo simboliza a ese Kong perdido en la civilización de la que no puede formar parte. Y finalmente llega el clímax en el Empire State Building; un clímax portentoso e imperecedero, de los mejores en años. Peter Jackson y James Newton Howard someten al espectador a un ejercicio artístico emocionalmente sobrehumano. Cada plano y cada destello de color tratando de luchar contra la despiadada realidad que se cierne sobre Kong; cuyo deceso de algún modo representará también mi muerte. El enfrentamiento de la criatura contra los aviones es ilustrado también desde la música, a través de unas vibrantes piezas de tempo vertiginoso. Cuando Kong cae, el compositor recupera el tema de la muerte; es su último tributo a un ser incomprendido y maltratado. Como una caricia que se acaba, esta sublime y certera parábola ha llegado a su fin deshaciendo literalmente mi corazón. Película y banda sonora armonizadas eternamente en sangre y espíritu. Entre otras cosas porque, como bien dice uno de los protagonistas: “no fueron los aviones, fue la belleza lo que mató a la bestia”.

Fecha de Publicación: 17/09/2021

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