Título Original: I Am Sam

Título en Español: Yo soy Sam

Compositor: John Powell

Año: 2001

Editada por: Varèse Sarabande (2001)

Duración: 40 minutos

Sam debió caerle fenomenalmente bien a John Powell (¿y a quien no?). Tanto es así que el británico escribe, diría yo, uno de sus scores más comprometidos. Delicado, adorable y con mucha felicidad en su interior; este soundtrack se define por su belleza y tiene una notable variedad melódica, aunque siempre dentro de un estilo muy definido y perfectamente anticipado ya en el primer corte “Starbucks & Hospital”. Powell es bien listo y capta perfectamente la humanidad del personaje, por lo que tras un tierno comienzo con la guitarra presenta directamente el tema del amor total de Sam; antes incluso de que su hija haya nacido. Una melodía preciosa que vuelve a aparecer, por ejemplo, en el onírico “At The Park” o en el mucho más triste “Torn Away”. Más que notables son también “Sam´s Friends”, “Sam visits Lucy” o el brillante epílogo, “On the Stairs”; toda una redención musical para el espíritu de Sam. Una declaración de amor. Aunque no es un cierre musical por completo definido, eso es precisamente lo que Powell desea transmitir. La vida sigue; pues esto solo ha sido un episodio inspirador en la vida de un prójimo. Otro momento donde Powell brilla profundamente es en “Annie´s father”. Esta cariñosa vecina de Sam, dispuesta a todo por echarle una mano, se topa en una escena con su gran debilidad y comienza a hacerle añicos por dentro. Annie suele tocar el piano, aunque ahora está sumamente afligida y su entusiasmo parece desvanecerse. Pero ahí está Powell. Él tocará el piano para ella en ese momento, no en vano es precisamente el piano el instrumento protagonista del citado tema “Annie´s father”. Un instante enternecedor que convierte al compositor en un ente bondadoso. Su intervención aquí, dada la total implicación de la música, se me antoja compasiva, muy poética y hasta romántica. Algo sublime que solo los más grandes compositores pueden conseguir. El corte “Rita”, por su parte, se aleja del cálido sonido que define al protagonista para sumergirse en un sugerente (y algo neurótico) trote de percusiones y resonancias electrónicas. Un apunte curioso dentro de la partitura, ciertamente, y que, por supuesto, capta a la perfección el atosigado micro cosmos en el que anida la abogada. Por último, otro de los momentos estrella; “Lucy, Calm Down”. Prácticamente insuperable dentro de sus pretensiones. Ahí están Sam y su hija. Ahí está cualquiera que pueda tener un mal día. Ahí está el cariño absoluto. Ahí está la vida; despojada de interrupciones, pura, clara, transmitiendo una paz sobrecogedora. Powell va directo a lo que quiere transmitir y lo consigue de un modo terso y afligido; como una última caricia antes de que todo cambie para siempre y en la cual los instrumentos parecen necesitarse el uno al otro. Maravilloso. De todos modos esto no es el final de nada sino todo lo contrario. Porque algo que aprendí de Sam fue que hay que recibir cada día con esperanza y que nunca hubo ocaso sin ángeles. Esta partitura es una pequeña joya que hace grande a su autor.

Fecha de Publicación: 05/11/2020

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